EL ACCIDENTE FERROVIARIO DE QUINTANILLEJA
Mª Mercedes Rodrigo Almendres
Quintanilleja es un pequeño pueblecito de la provincia de Burgos, que dista de la ciudad unos once o doce kilómetros, y que pasó a la historia por un trágico accidente ferroviario que ocurrió el 23 de septiembre de 1891, en el cual chocaron dos trenes.
Era de
noche y el tren expreso que venía de San Sebastián chocó frontalmente con el
mixto procedente de Valladolid, ocasionando numerosas víctimas. No estaban muy
claras las causas de tan gravísimo accidente, pero las crónicas de aquella
época atribuían la desgracia a un malentendido del telegrafista que parece ser
que confundió Quintanilleja con Quintanapalla.
Lo cierto es que las dos locomotoras quedaron
empotradas entre un amasijo de hierros, maletas, muertos y una multitud de
heridos, algunos de gravedad. Del tren mixto que procedía de Valladolid, sólo
murió su conductor, Pedro Jaca, que viendo venir la tragedia frenó y se pudo
desalojar el tren antes de que ocurriera la desgracia, a él no le dio tiempo y
murió como un héroe en su puesto de trabajo, cumpliendo con su deber. En el
otro tren fueron muchas las víctimas, tanto muertos como heridos.
Todos los diarios de aquel día
relataban la tragedia, afirmando que en ese tren viajaba gente muy importante
de la política, de la aristocracia y muchos extranjeros.
En el mixto de Valladolid no
venían muchos viajeros, se hablaba de un grupo de aficionados a los toros que
habían ido a esa ciudad a ver las corridas con motivo de las fiestas de San Mateo
y al no resultar heridos, estos pasajeros colaboraron en las tareas de
salvamento del otro tren.
Entre los viajeros que no
sufrieron heridas se encontraba D. José Canalejas, que viajaba con su esposa y
el torero Ángel Pastor y su cuadrilla que se portaron heroicamente salvando a
heridos aprisionados entre hierros y maderas.
Viajaba también en el expreso el
Marqués de Camarines, y en cuyo accidente perdió la vida una hija suya de tan
solo cinco años que viajaba con él. También venía en ese tren el Marqués de
Castroserna, que si bien resultó ileso, sufrió un ataque de locura ante tales
escenas de muerte y desolación.
El entierro de las víctimas fue
colectivo, celebrándose las honras fúnebres en la parroquia de San Lesmes y
siendo presididas por el Arzobispo de Burgos y el alcalde de la ciudad D. Emilio
L. de Rozas. De la capital de España vinieron ilustres personajes y el rey
envió mensajes de condolencia. El acto fue multitudinario y emotivo, tanto que
no se cabía en el templo. El entierro fue presenciado por numerosos burgaleses
que querían expresar así su condolencia. Incluso un grupo de residentes de
La ciudad guardó luto durante
unos días y se dijeron misas por el alma de los fallecidos. Con motivo de esta
tragedia y viendo la ayuda que desde la ciudad se prestó a todos los heridos y
familiares de las víctimas, el Sr. García de Quevedo solicitó para Burgos
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| Fotografía del suceso custodiada por el AMBu |
Este artículo salió publicado en el
número 16 de la revista “A nuestro aire” en marzo de 2019.
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