Historias de un amigo

                                
                                       La Jubilación


Voy a escribir unas líneas sobre  la jubilación, y el tema no me gusta . Y no me gusta  el título que encabeza este trabajo – perdón por  esta  distracción, que estoy  jubilado y no puedo trabajar- porque cuando te jubilan te quitan el curro, don preciado y escaso y además te dejan al borde de la nada. Bien mirado, después de jubilarse sólo queda espicharla.
Y no nos engañemos: la jubilación viene como las arrugas y las canas, a caballo de los años. No hay jubilado joven, aunque algunos se conservan mejor que otros y esta constatación de que jubilado y viejo vienen a ser una misma cosa,  me desazona.
No me gustan, me parecen antiestéticos,  esos grupos de jubilados que van en viajes organizados a las playas en temporada baja y que resultan inconfundibles, cual rebaños  de disciplinados  gregarios. Las señoras se sientan, algunas se desparraman, en unas sillas plegables al lado del agua. Entre los caballeros siempre surge un voluntario que organiza sesiones de gimnasia al aire libre. Todos en círculo y el director en el centro. Los alumnos resoplan como ballenas y se mueven menos que un velero en una tarde de calma chicha, aunque largue todo el trapo.
Tampoco me gusta que a los jubilados se les maltrate por la administración y se les apriete con unas pensiones de miseria y se  ponga al borde de la indigencia a honestos pensionistas que han trabajado durante muchos años. Y lo peor es que los recortes llegan hasta  la sanidad.  Como decía el bocazas de Alfredo, un recalcitrante hipocondríaco, han  instalado la eutanasia pasiva. Ya no hay medicinas para todos. De ahí a la  activa queda muy poco. Claro que a él no le va a afectar,  como yo le dije. Seguro que de apañar a los viejos con pocas soluciones  encargan a la seguridad social y entre las listas de espera y la mala cara que tienes, para cuando te toque la inyección de la felicidad, ya estás más tieso que la mojama. Y parece que al mandria no le gustó lo que le dije, pero es cierto porque no sale de los médicos.
Aunque  mira, hay algo que si me gusta. Respeto  a  los jubilados que tienen un espíritu joven y van por la vida, lo que les quede, con ansias de vivirla  en plenitud; los  que juegan con los nietos y  se responsabilizan de ellos cuando es necesario, los que son un referente para su familia, porque su voz es siempre respetada y escuchada, los que tienen ansias de aprender a sus tropecientos años y que apuran los pocos telediarios que les quedan en actividades que les apartan de la depresión y la desidia.
Sí,  claro que estoy con los jubilados legales. Y  me encantan las jubiladas,  especialmente las que no lo parecen, que las hay todavía de muy buen ver, aunque hayan pasado de los sesenta o así.
Y por eso, para tener una vida plena y no andar todo el día quejándose de achaques reales o imaginarios, uno  intenta estar ocupado y mantiene la ilusión por aprender cosas nuevas y retomar antiguas aficiones. Puede que los años vuelvan más solitario y adusto al viejo cazador, pero todavía aguanta. La constatación de que aún hay muchas cosas por hacer,  enciende la luz y pone en marcha al abuelo  para una nueva jornada.
No me gusta hablar de la jubilación. Para algunos, creo que la mayoría,  es algo triste, que nadie desea, aunque otros la esperan con impaciencia, seguramente porque no la conocen.  O sea, como la contraria: “La que quiero no me dan y la que me dan no quiero”.
                                                                                    



                              José Luis López Trascasa
                                                              

1 comentario:

  1. Jose Luis muy bien explicado y con con buen humor.Un saludo nos veremos.

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