Historias de un amigo


                                      

                                                              Burgos, Navidad  2017

Estimada Mari Luz:

En el pueblo serrano, junto a la tenada de abajo, charlaba Cosme, un viejo maestro ya  jubilado, con el pastor, Abilio. Hablaban del tiempo, seco y desabrido. Para la Inmaculada aún no había nevado. Otros años, cercana la Nochebuena, el páramo lucía una capa de nieve espesa que cubría la desnudez de los barbechos, las siembras apenas apuntadas y los perdidos de aulagas y brezos.
La Navidad llega con el invierno y la suelen acompañar copiosas nevadas, por todos  bien recibidas. El refrán: “Año de nieves, año de bienes” aún tiene vigencia en los pagos de la Castilla ancha y mesetaria. Siempre impresionó al viejo maestro la contemplación del páramo blanco, impoluto, mientras  caían sobre una tierra fría los copos mansos, maripositas con alas de hielo  que se derretían al contacto con los cristales de las ventanas y resbalaban hasta el alféizar. Le gustaba decir:
-Uno se siente como estrenando el mundo.
Algunos inviernos, pocos, la nieve se quedaba en las cimas más altas de las montañas  escuchando las viejas historias que se contaban en los atardeceres  junto a la lumbre. En esos años, en setiembre escaseaba el agua en fuentes y manantiales  y los arroyos se secaban. La nieve puede faltar, porque es sólo una anécdota en las fiestas navideñas, pero no pueden nunca estar ausentes la alegría, la amistad,  el afecto y  la tolerancia, que son como copos benéficos que tapan con un manto de benevolencia las aristas, roces y desencuentros  que surgen a lo largo del año,  igual que la capa blanca del páramo nevado cubre piadosa  la tierra parda.
 A las fiestas más entrañables del año  no las trae la nevada, las  traemos nosotros, porque el espíritu navideño debe de estar dentro de cada uno. Nuestras  navidades serán como queramos que sean y no podemos olvidar que conmemoramos el Nacimiento del Niño Jesús. Los nietos del abuelo Cosme, como todos los años, lo recuerdan cuando bendicen la mesa en estas celebraciones:
-“El Niño Jesús que nació en Belén, bendiga a estos alimentos y a nosotros también.”
La nieta mayor, María, hace sonar el tamborilero, el villancico preferido del abuelo, mientras la abuela Ester mira a toda la familia reunida en torno a la mesa. Les ve contentos, con ilusión por estar juntos en los días más hermosos del calendario y se emociona, como todos los años.

Que ésta sea una Navidad muy feliz para todos y mucha suerte para el próximo dos mil dieciocho. Mis mejores deseos para ti, los tuyos y todos los lectores de mis historias, no os faltarán nunca.

Un saludo 
                              José Luis López Trascasa
                                                              

1 comentario:

  1. Jose Luis muy bien explicado y con con buen humor.Un saludo nos veremos.

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